Nuestra alumna de la semana es Ainhoa. Ella tenía claro qué estudiar hace mucho tiempo. Se puede decir que lo sabía ¡desde que era niña! “Me regalaban muñecas y yo pedía legos y puzzles. Cuanto más complicados, mejor. También me apasionaban los coches, veía las carreras de Fórmula 1 con mi padre”.
Blanco y en botella: decidió estudiar Ingeniería mecánica. Ella es de Cortes, un pueblo de Navarra, así que, por cercanía, eligió la UPNA. La elección de la residencia también fue fácil: jugaba a baloncesto con nuestra querida Maialen y ella le recomendó La Campana.
El baloncesto es precisamente su gran pasión. En 2º de Bachiller ya no había club en su pueblo y decidió pasarse al otro lado del burladero: en vez de jugadora, entrenadora. Sabe que el baloncesto le acompañará siempre: “Me ayuda a desconectar de los estudios. Es mi momento para mí. Mi cuerpo se cansa pero mi mente se relaja. Cuando era entrenadora, me encantaba transmitírselo a l@s niñ@s”.
Ainhoa nunca se aburre, porque tiene muchas aficiones. Le atrae el dibujo técnico, pintar, tejer y hacer manualidades. Y todos los objetos que se puedan montar, ¡le gustan!
En la residencia se siente muy cómoda e integrada. Es hija única y temía extrañar a su familia. Le vino muy bien compartir habitación con otra estudiante, ¡ya son uña y carne! Su “compi” estudia Ingeniería industrial, así que tienen en común intereses y hábitos: “Siento que tengo un punto de apoyo importante en ella”.
Hay un rasgo de su personalidad que le crea ¡cierto desasosiego! Es demasiado autoexigente… “Si saco un 8, busco qué he fallado. No me conformo, siempre aspiro a la mejor nota”.
Por lo demás, es una persona tranquila; le gustan los planes sencillos, como ir al monte o ver una película con sus amigas.
Amable y educada, siempre te tenderá la mano cuando la necesites.